Tango en Rusia: Más allá del Oso, el Vodka y la Balalaika

Por Alevtina Silaeva y Fernando Sanchez.

El tango se ha presentado en el mundo entero siempre con su impronta, siguiendo la huella de la cultura argentina, porque así es como se dio a conocer y así es como se lo quiere. El atractivo lo podemos encontrar en el baile y el abrazo, el entramado de piernas y brazos rodeando los sentimientos y la melodía que los acompaña. Sin embargo, en muchas de las latitudes lo que llama la atención solamente es la música. La compleja contribución del bandoneón, el sonido lejano y vivencial del sufrimiento, la pena. La profundidad del alma. El baile llega, pero más tarde, si lo hace.

Recuerdo que una vez, estando en una milonga con una gran maestra de tango, mirando la pista, siguiendo una pareja dentro de aquel enjambre, me dice: “mirá, esos bailan tango en extranjero”. La expresión es justamente eso, nada insultante por cierto ni despectivo, ¡bailan lo nuestro como son ellos, en su idioma! Y qué mejor halago que el seguir siendo uno y poder zambullirse en lo que otros en otros lados han podido desarrollar de una forma diversa a lo que nuestro ámbito cotidiano propone. El tango es tan rico y genuino en eso, que logra, permite, que más allá del origen, ese sentimiento intrincado nos pertenezca a todos. La manera puede cambiar, la forma puede variar, pero al fin de cuentas no cambia su profunda esencia.

Hay culturas en el mundo entero, diversas y ricas, que asimilan de una forma u otra esta expresión rioplatense. Pero no siempre es igual. Hoy hablaremos de la comunidad rusa que en los últimos años no ha parado de crecer, desarrollarse, y de crear constantemente su propio sello. Por ello hemos hablado con sus protagonistas, quienes en la actualidad llevan adelante escuelas, milongas, festivales, campeonatos, orquestas y que gracias a su aporte hemos logrado este artículo, el primero de esta serie a la que bautizaremos, “In Trip”.

Rusia es un país misterioso. La mayor parte de la gente se ha hecho una idea de ella llena de estereotipos, y no es sorprendente.
La historia, la cultura, el famoso enigma del alma rusa forman un fenómeno único y poco comprensible para quienes no ahondaron en ella.
Hablamos de un país que ocupa casi la sexta parte del terreno mundial con 11 zonas horarias, 70 denominaciones religiosas y más de 160 nacionalidades. En ese contexto se conjuga el tango. Casi en cada región hay escuelas, milongas y eventos varios. Orquestas, espectáculos y maestros a nivel mundial, también forman parte del conglomerado.

La historia del tango social tiene poco más de 20 años, pero esto no significa que el tango como género musical y coreográfico sea desconocido. Desde los años ‘30 cuando esta danza comenzó a conquistar el mundo, se presentó en el extenso país en forma de musical. Más tarde, en las películas del período soviético, se pueden encontrar a menudo coreografías y música tangueras, es más, en algunas películas participaron los reconocidos artistas argentinos, Gloria y Eduardo Arquimbau con sus excéntricas coreografías.

Irina Petrichenko, bailarina y maestra de tango, además de ser médica, nos comenta lo que recuerda de su incipiente relación con el Tango. “A mis padres les gustaban las películas con Lolita Torres, que era bastante común en Rusia en aquella época. He conocido la música antes del baile.”
A finales de los años 80, el famosísimo coreógrafo ruso Igor Moiseev presenta su ballet “Noche en la taberna” expresando su visión de la milonga porteña, que no contradice en absoluto a lo que es en realidad. Más tarde llegan los shows de tango en los teatros que, obviamente, no fueron por pedido del público conocedor.
¿Quién sabe? Tal vez, tendríamos que agradecer este pasado “preparatorio” que permitió en un periodo relativamente corto un crecimiento de tal magnitud de esta danza “sensual”.

Hablamos con varios personajes de la comunidad tanguera pertenecientes a distintas ciudades, con edades diferentes y diversas experiencias. Todos respiran tango y para la mayor parte de estas personas, es su único trabajo. Lo más curioso es que ninguno de ellos pensaba que esta pasión sería un estilo de vida. Desconocían que iba a ser “un amor desde el primer paso”.

Les hicimos algunas preguntas, esperando poder dilucidar nuestra curiosidad sobre esta “danza exótica” por aquellas tierras. Conozcamos un poco al tango actual, al tango ruso hecho a su imagen y semejanza.

Rusia, entre lo social y lo académico.
Rusia y el baile siempre han tenido una relación estrecha. Y el tango como danza social les ha permitido en estos últimos años llegar al desarrollo de un vínculo social que la URSS por mucho tiempo no permitió. La combinación entre la doctrina, el trabajo incesante y la necesidad de relacionarse encuentra en esta danza un cóctel que los rusos han sabido desarrollar de una forma muy particular. Tanto en el ámbito social como en el académico.
¿Qué es el tango?, fue la primera pregunta que Alexander Vistgof nos responde, “es algo no siempre comprensible, pero muy querido. Algo que trae tristeza y alegría; algo que uno puede tener adentro o compartir, donde siempre tenés la posibilidad de aprender algo nuevo”.
Hace más de 20 años lleva adelante su escuela y creó la primera milonga moscovita. Dirige también el Festival más importante de Moscú “Planetango” con dos ediciones anuales, y el “Milonguero’s Night” otro evento en el mes de Agosto. Es decir, tres eventos de gran envergadura organizados en la lejana Moscú. Reivindicando a esas milongas porteñas, las que organiza Sasha (apodo que se utiliza para Alexander) se centran en lo social. En el abrazo, las charlas, la disposición de las mesas. El concepto totalmente argentino de una milonga.

“Podemos sentir y amar esta música, nos gusta la cercanía que da este baile”, nos dice Elena Sidorova desde otra ciudad que supo abrazar el tango y que se dio a conocer bastante en el pasado mundial de fútbol desarrollado en ese país, donde el seleccionado argentino disputó uno de sus encuentros, hablamos de Nizhny Novgorod.

Elena apela a quienes mantienen este fuego a no cesar en ese camino, “espero sinceramente que la gente que está promoviendo la parte social de este fenómeno, encuentre las fuerzas, la inspiración y las ganas de no abandonarlo.”

Conoce el riesgo de que el Tango se transforme en un deporte, en una expresión sólo académica como afirma su marido Oleg Okunev, “hoy en día al tango vienen más bailarines profesionales, y la gente que tiene alguna educación ya sea en la danza como en los bailes coreográficos. Creo que esta tendencia de acercamiento va a quedar. Indiscutiblemente este hecho ayuda a mejorar mucho la calidad de la enseñanza del baile como habilidad motora, pero no se mueve mucho en el sentido de aprendizaje del tango como un fenómeno histórico social”.

Las escuelas de ballet como los bailes de salón de estándar, más al estilo ballroom, son moneda corriente. A ello se debe la existencia exitosa del GallaDance, que es una academia enfocada en este tipo de sistema donde también se incluye al Tango como una de sus aristas artísticas.
“El tango es la maestría que hay que estudiar” – dice Sofia Seminskaya, directora del establecimiento académico. Por ello, agrega, “necesitamos a los argentinos como el aire, no sólo por el baile, sino como los portadores de la cultura, de su sentido e inspiración. Sí, tenemos muchos bailarines maravillosos, pero para ellos es muy difícil desarrollarse sin este aire, sin el consejo o la corrección que llegue de afuera. Se puede hacer este camino solo, pero sería largo y atormentado. Sin argentinos llegaremos, en el mejor de los casos, al estancamiento o incluso a la regresión. Es importante que los argentinos relacionen el tango al arte. Sin argentinos la misma idea del tango se pierde.”

En el mismo modo confiere a los argentinos el don de la custodia en la transmisión de importantes conceptos. “Muchas cosas se cuentan de boca en boca. También tenemos YouTube y otras fuentes, donde los hechos son distorsionados o simplemente mal entendidos. Cuanta más gente haya, más opiniones y expertos aparecen, lo que hace más difícil llegar a la verdad. Las opiniones son muy dispares: desde las raíces del tango hasta sus estilos. Cada uno va a tener su verdad. Y acá se necesita la inclusión de los argentinos como los aportadores y custodios de esa información.” Así opina en relación a los rusos. Quizás no sabe que entre los argentinos también pasa lo mismo y que somos también incapaces de lograr esa unión conceptual. Ahora que lo pienso pasa lo mismo en cualquier lugar incluso no sabemos si existe esa única verdad…

Oleg de Nizhny nos comenta: “Antes de la pandemia, organizábamos dos veces al año los workshops con los maestros argentinos en nuestra ciudad, en los últimos 10 años tuvimos de huéspedes a casi todos los maestros top. Finalizado el evento con ellos, le preguntábamos a los alumnos cómo les había ido y algunos decían: ‘Nos gustan más las lecciones que dan tú y Elena’. Esto no significa que los maestros no sean competentes o que nosotros seamos más competentes que ellos. No quiere decir nada. Sin embargo, no todos los maestros argentinos son compatibles con las lecciones grupales regulares. Una cosa son los workshops en un festival y otra enseñarle a una persona día a día. Cómo hacer los pasos, cómo marcar, girar, motivar, bailar en las milongas; es absolutamente otro tipo de trabajo. Por eso en cada lugar del mundo los maestros locales y maestros invitados hacen un trabajo diferente”, afirma.

Entendiendo las posibilidades en la capacidad de los maestros rusos, Irina Petrichenko nos dice, “Los maestros rusos ahora pueden hacer más, pero esto no reemplazará la comunicación con aquellos que crecieron en esta cultura, como los maestros y bailarines argentinos. Lo que interfiere en este proceso y cambia la lógica de ambos lados es que se ha convertido en una empresa comercial. Los maestros argentinos quieren los honorarios más elevados y los organizadores quieren grandes ganancias”.

“Los maestros rusos, en general, ayudan a los bailarines en su desarrollo y les hacen conocer lo que han creado los maestros argentinos. También los maestros rusos resuelven muchos problemas de la metodología que en Buenos Aires no siempre están resueltas. Ellos trabajan en el nivel regional, los argentinos en el nivel mundial. No es una yuxtaposición, son simplemente dos roles distintos” afirma Sasha de Planetango.

El contexto social e histórico.
Zlata Shulikovskaya, la organizadora y maestra de Kazan nos cuenta que en comparación con la realidad tanguera argentina, allí “se desarrolla sin aquel contexto histórico y cultural que existe en Argentina, es puramente un lugar de socialización para hombres y mujeres. Ellas a menudo vienen al tango para resolver sus problemas interiores; aprender a conectarse, a confiar, etc. Los hombres, en cambio, lo hacen más comúnmente por el ocio y la comunicación”.
Elena, de Nizhny, acota: “Nosotros no escuchábamos esta música en la infancia, nuestros abuelos no iban a las milongas. No podemos entender, el porqué, por ejemplo, del vals ‘Pobre Flor’ con una letra tan dramática y una música así de ligera y alegre”. Sin embargo afirma, “Históricamente el tango apareció en Argentina, pero tranquilamente podría haberse formado en cualquier otro país del mundo. Su propia naturaleza es muy cosmopolita.”
Entienden que la carencia de un contexto dificulta entender al tango argentino por sí mismo. La comprensión debe ser otra, y no es algo que les impida desarrollar su propia mirada.

“La cultura rusa no puede aportar nada al tango argentino y no hay ninguna necesidad de eso. Lo mismo que el folclore argentino no puede agregar nada al ruso. Y estas cosas no hay que mezclarlas porque ya son maravillosas como son. Podemos solamente tocar otra cultura, inclusive la de la danza, y vivirlo en el modo que nos permite nuestro cuerpo y la cultura donde crecimos. Unos más, otros menos.” Así nos presenta su mirada Irina Petrichenko en relación al intercambio cultural.
¿El tango argentino o el tango ruso? Qué importa, el tango es el tango, no importa que sea de ayer o de hoy, de aquí o de allá, siempre que sea Tango.

Rusia y el afán de la competencia.
Punto importante y destacable es la que involucra la parte competitiva del tango, que en los últimos años creció notablemente, y todavía más en el año pandémico. Es bastante lógico teniendo en cuenta el perfeccionismo de los rusos. Para eso volveremos a las palabras de Sofía Seminskaya.
“En Rusia crecieron los torneos de tango. La sociedad los aceptó. Sin embargo, la pandemia y la falta de ingresos también desempeñaron su papel. La tendencia, de todos modos, ya había aparecido mucho antes del COVID.
Otra razón fue la llegada masiva de los bailarines profesionales al tango. Este hecho lo relaciono con mi trabajo en el GallaDance y por ende, a los profesionales que se relacionaron con el tango social, ya sea en Moscú como en otras ciudades. Todos los campeones y premiados en el Mundial son o fueron maestros en la academia.”

Y luego, agrega, “la situación va a cambiar muy pronto, y será todavía más profesional (van a venir más bailarines preparados). El tango social y el tango profesional van a desarrollarse en paralelo.Los festivales van a volver con fuerzas y los campeonatos no van a ser menos dominantes. El factor pandémico y el cierre de las fronteras ha influido mucho.”

Las orquestas rusas.
La demanda de espectáculos por parte del público ruso y el interés suscitado en los músicos llevó a la conformación de varios grupos tangueros, los que se denominan orquestas. Entre ellos la más destacada es la Solo Tango. Hablamos con su creadora, Irina Peretyatko, y ésto nos comentaba acerca de su mirada del Tango en su país.

“He conocido el tango hace 14 años gracias a los músicos. La música fue lo primero que me impresionó, exactamente, la de Astor Piazzolla. Después fui conociendo la música más tradicional y me impresioné de nuevo por el estilo y modo de tocar de las orquestas de la Época de Oro.
En los últimos 10 años creció todo ha crecido bastante, al punto tal que sólo en Moscú hay 4 orquestas de tango. Los músicos y bailarines rusos obtuvieron reconocimiento internacional y el crecimiento ha sido sostenido e imparable pero debo decir que conocer la cultura original es muy importante. Es como el faro que nos guía en nuestra navegación por este mar que se llama tango. Nosotros, estamos en contacto siempre con los músicos argentinos y no vemos la hora de que abran las fronteras para poder finalmente tocar y cantar juntos.”

El tango regional.
Sí, también existe esta realidad visto que este país está dividido en 85 sujetos. Indudablemente en los últimos años, el tango fue más allá de Moscú y San Petersburgo, creando escuelas, eventos y maestros donde sea que la sed de tango lo requiriera.

Oleg Okunev dice: “Las regiones se están desarrollando rápidamente y casi por todos lados hay varias escuelas. Existen eventos en distintos formatos: maratones, weekends, festivales, que a menudo están en el nivel de los de la capital. Al ser un país muy grande, a veces en cada parte se forma un grupo propio. Los bailarines obviamente viajan, pero ir de Moscú a Nizhny Novgorod o al revés no es lo mismo que ir a Vladivostok”.

Irina Petrichenko sigue la misma línea: “siendo un país multinacional, la diferencia entre las culturas puede llegar a ser muy grande, por eso el tango también puede variar. Claro que la mayor parte de los bailarines está concentrada en Moscú y San Petersburgo, pero a veces dos ciudades adyacentes difieren en el nivel de baile y actividad de la vida tanguera tanto como si estuvieran en diferentes partes del mundo. Creo que en este hecho toman su papel varios factores: la energía de la ciudad, la actividad y movimiento de los organizadores, y cuánto tiempo dedican al proceso. Me parece que ahora, aunque el nivel no sea tan alto aún, a menudo en las regiones la gente es más ávida de información y la lleva con más dedicación, que el público de las capitales.”

“Las diferencias también pueden estar relacionadas a la situación económica de cada región. Durante la pandemia, visto que no se podía viajar fuera del país, el turismo tanguero local hizo un gran salto y creo que así será próximamente la tendencia”, se anima a decir Sofia Seminskaya.
Rusia ha sabido captar el encanto del tango y adaptarlo a sus formas, a su cultura y seguramente en unos años veremos el resultado de esta combinación entre el tango argentino y el ruso como un nuevo punto de referencia que guiará a nuevas generaciones a un abrazo más acorde a sus tradiciones y a sus modismos. “Lleva bastante tiempo profundizar en esta cultura” – dice Elena.

Por el momento, la profesionalización del tango lleva a que esta danza de salón, social, sucia y genuinamente popular, promueva una estandarización mediante academias y campeonatos que lejos de caer en la esclavización del yugo técnico del movimiento podría crear un trampolín propicio para su continuo desarrollo, siempre que las dosis justas sean mezcladas de manera adecuada. Estamos aún en ese umbral. El tiempo nos dirá si perdemos o ganamos; alguien, todos, ninguno e incluso el mismo tango.

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