“Se viene una nueva revolución en el baile” – Entrevista a Miguel Angel Zotto y Daiana Guspero

Por Georgy Korovin

En una revista como Metafierro, Miguel Angel Zotto no necesita presentación.
Su trayectoria artística en Buenos Aires y en los escenarios del mundo lo hace una de las personas mas representativas del mundo del Tango.
Residente en Milán, Italia, desde hace varios años donde ha abierto su propia Academia, que no sólo enseña a centenares de bailarines italianos y extranjeros, sino también se milonguea tres veces por semana en una atmósfera sumamente porteña hasta altas horas de la madrugada, cosa muy rara en Italia. Y en la planta baja se ha inaugurado desde hace un año el Zotto Restaurant, un lugar íntimo donde se puede degustar un gran menú argentino.
Miguel y Daiana Guspero, compañera de baile y en la vida, y madre de dos hermosas mellizas, nos abrieron la puerta de su Academia en un domingo nublado de mayo para escuchar y responder a nuestras curiosidades.

Está Tango Argentino y Tangox2 como los shows de cabecera en el tango, ¿cuál es la diferencia entre ambos?

La diferencia residía en que Tango Argentino era la historia sobre la historia, éramos, en ese momento, los referentes más importan- tes del tango que había en Buenos aires. Los bailarines estaban todos ahí. La historia era porque cada personaje tenía su propia historia increíble. En su momento Tango Argentino comenzó con Horacio Salgán, Ubaldo De Lío, Goyeneche, María Graña, la Negra Berón, Raul Lavié, Jovita Luna, Alba Solís, vuelvo a repetir, Salgán, De Lío, Sexteto Mayor, en ese momento eran lo más, después se va Salgán y viene el Tano (Roberto) Berlingheri era la historia sobre la historia, cantaban y bailaban lo vivido, luego (Juan Carlos) Copes y (María) Nieves con sus cuarenta años de baile, Virulazo en vida con otros cuarenta años de baile, Gloria y Eduardo (Arquimbau), Mayoral y Elsa María era la historia del Tango, no había cosas más importantes.

Después lo que generó Tango Argentino en el mundo fue esta apertura que hubo y este nuevo renacer con el Tango. Fue algo increíble.

En cambio Tangox2 fue para la gente joven, porque yo era el más grande con 30 años, luego el violinista tenía 17 años en su momento, la orquesta que armamos con Julian Bar con siete músicos, Julian tenía 22 o 23 años, Roxana (Fontan) también, Osvaldo (Zotto) 25, Guillermina (Quiroga) 20, era un grupo joven. Y la diferencia también era la puesta en escena, no se parecía en nada a tango Argentino, y usé la luces que tenía un recital de rock. El vestuario lo hizo Renata Schussheim, Ariel Del Mastro hizo las luces, Gaston Brisky hizo el sonido, Oscar Araiz hizo una coreografía de danza contemporánea, Jean Francois Casanova dirigía la parte actoral, cantaba en mímica los temas de Gardel, salir caracterizado como Gardel. Era un espectáculo con actuación, y Tangox2 porque al principio éramos una pareja que hacíamos todo, luego incorporamos a Osvaldo y Guillermina. Y llevamos ya 36 años haciéndolo. Lo sigo haciendo, la compañía sigue existiendo. Es la compañía de Tango más longeva.

¿Crees que se debe cambiar el formato del show de tango o se debe repetir siempre la misma fórmula?

El tango tiene que evolucionar como ha evolucionado siempre y está evolucionando, ahora hay mucho aéreo, lo llamo así cuando hay mucho vuelo coreográfico, que siempre es espectáculo y está muy bien. Creo que hay que ir cambiando pero como decía Petróleo, el tango lo podes repiquetear, balancear, revolcar pero no hay que perder el abrazo milonguero. Y justo eso es lo difícil.

¿Qué tiene que tener un bailarín para ser tanguero?

El tango tiene la característica que lo tenés que sentir, no tenés que ser un mentiroso con el tango, lo sentís o no lo sentís. Lo podés hacer como profesión o como bailarín, para recibirte de tanguero lo tenés que sentir, ir a la milonga, respetar a la mujer, no maltratar a la mujer bailando que es fundamental y escuchar, escuchar la música, escuchar la letra, empezar a interpretar lo que nos pasa porque el tango no es solamente el baile. Es algo más profundo. Conocer los códigos. Cuando hablamos de los códigos mucha gente dice: ¡sí, estoy cansado de los códigos! Pero los códigos te sirven para crecer, no es que alguno inventó los códigos así por- que sí. Lo inventaron por necesidad, así como las cortinas, y por intuición para manejarse bien dentro de la milonga.

¿Sentís que hubo una evolución en tu baile? ¿Cómo la desarrollaste?

Fundamentalmente cuando conozco a Antonio Todaro, él me cambia el baile. Era tipo 86/87 y ahí tenía una gran confusión yo, porque paso de ser de un bailarín natural de las milongas a hacer un espectáculo. Mi primer espectáculo coreográfico fue “Jazmines” con Ana Maria Steckelman que es una maestra y coreógrafa muy importante de danza contemporánea. En ese entonces trabajábamos el tango a nivel teatral con dos estilos diferentes, ella con otra técnica más próxima a la danza moderna y yo trataba de hacer lo mío, que era milonguero pero más estilizado. Eso me llevó un trabajo enorme porque poder recordar todo, yo no estaba acostumbrado, y respetar los tiempos y toda la estructura del espectáculo. Ahí noté que me estaba alejando mucho del tango. Después cuando seguí estudiando llegó ¡la confusión del abrazo! ¿Dónde iba la mano izquierda? ¿En qué posición la otra? Virulazo me enseñaba poner la mano en alto, porque él tenía su estilo, Copes me enseñaba con el torso y el abrazo un poco más alejado y Antonio tenía el brazo derecho de fierro, abrazaba fuerte. Virulazo tenía una marcación y una indicación con la mano izquierda impresionante, la derecha no la usaba. Entonces me dije si incorporó la mano de Virulazo, el torso de Copes y el abrazo de Antonio me recibo de Zotto. Y es lo que hice, laburar con el abrazo y no parecerme a ninguno de los tres.
Tomé un poco la posición como Finito, y su plasticidad, la caricia al piso y el cuidado a la mujer. Fino me decía: a la mujer no se la patea, vos no mires a quienes pegan patadas a la mujer, la mujer vino a este mundo para acariciarla no para patearla.
Petróleo me decía no te olvides del ocho, el ocho es el pilar de esta danza y el ocho es femenino, no masculino. Fue una frase que la fui elaborando con el tiempo. El tiempo, el tiempo…, la regularidad de la mujer y la irregularidad del hombre entonces todo eso lo elaboré, un trabajo inconsciente, y mucho, no para decir quiero ser Zotto. Un laburo interior, pero lo que yo tenía claro era que no me quería parecer a nadie. Nunca hice un paso como los otros, nunca. Antonio me enseñaba una secuencia y yo le decía: Antonio no se enoja si no la hago igual, y él me respondía, “No, al contrario ¿qué me voy a enojar? ¡Es maravilloso! Vos la tenés que modificar, no tenés que bailar como yo.” Entonces la aprendía y después me iba y trabajaba sobre eso, modificarla para sentirla propia.
Y luego sí, con la compañía, con los bailarines siempre fuimos mo- dificando, haciendo clases con ellos, la improvisación. Modificando la estética, la compañía Tango x 2 tiene una estética muy clara, una personalidad, un estilo. Eso fue lo que hice inconscientemente.

¿Sos más milonguero o bailarín?

Es difícil decirlo hoy. Porque no estoy yendo tanto a la milonga. Yo vivía todos los días en la milonga siendo un profesional, todas las noches. Mi tango por muchos años fue el escenario y la milonga. Si me hacías esta pregunta hace algunos años atrás te hubiera di- cho que era más milonguero, hoy soy más bailarín que milonguero. Sí, estoy en mi milonga pero no es lo mismo. Aclaremos, milon- guero es Tito Roca, Tito Champagne, milonguero era el Flaco Dany. El milonguero es el que va a bailar todas las noches, es el que vive para la milonga, no importa como baile, no importa el estilo, no hay un estilo. El milonguero es el que vive para bailar. Milonguero era Petróleo, 70 años en la milonga nunca se casó, fue el ángel custo- dio de todas las milongas de Buenos Aires. Y a veces vas y no bai- lás, vas a socializar, es tu mundo, y cuando entrás en la milonga te sentís que sos vos y está tu gente, formás parte de ese mundo. Por eso, hoy no soy un milonguero, tengo mi familia, mi trabajo, mi pro- fesión, estoy ocupado en esto y miles cosas más. Sí, sigo bailando, tengo la milonga pero hoy no puedo decir que soy un milonguero.

¿Qué sentís que nunca pudiste hacer en el baile y qué sí?

No sé si en el baile, tuve la oportunidad de estar en Hollywood, dos o tres oportunidades claras y unas personas justas, y por no hablar inglés me quedó en el tintero el film. Soy un apasionado del cine y me falta eso, aún está entre los proyectos pero es muy difícil, ya tengo 62 años. Pero me hubiese gustado un largometraje con historia.

¿Cómo ves el tango actual y cómo crees que se debe desarrollar en el futuro?

Creo que al principio la gente va a tener desconfianza de volver a abrazarse pero va a venir una revolución importante con el tango, un nuevo boom. La gente quiere abrazarse, la gente quiere bailar, es la única danza y la única música que te da esta posibilidad que te entra por el oído, te pasa por el corazón y baja por los pies que es una frase del Toto Cirillo.
Luego, refiriéndose a un importante movimiento juvenil que hay en Buenos Aires viene una nueva revolución. ¡Tiene que venir! Es muy importante, es necesario, incorporar cosas nuevas. Mezclar, hacer cosas diferentes. Ya hay, ya está, estuve en Buenos Aires hace poco y vi chicos con mucho talento.

Llega Daiana luego de una clase y aprovechamos para hacerle alguna pregunta

¿Cómo ves el rol de la mujer en el tango hoy?

Daiana: A ver, voy a ser muy sincera, es verdad ha cambiado mu- cho y quizás hoy la mujer tiene un rol que antes no tenía, pero no sé si lo tenía por machismo, creo que se fue dando solo. A mí me parece genial que en el tango se pueda compartir más y que los dos tengan una decisión y los dos bailen para los dos. Me parecía genial que antes se podía bailar entre hombres, es más, creo que había un nivel mucho más alto de los hombres antes que ahora. Ahora en vez, ves que las mujeres vuelan, las mujeres estudian, estudian y estudian, la mujer tomó un rol importantísimo. No sé cuál será el motivo exacto por el que el hombre se dejó estar, se abandonó tanto.

Miguel: Por una necesidad, antes había una necesidad, sino no bailabas, no pasaba nada y no podías estar con nadie, en cambio al contrario podías bailar con la más linda y pasaba todo por ahí, para ponerte de novio, o simplemente bailar.

Daiana: Me da mucha lástima que haya tanta escasez de hombres. ¡Las mujeres me encantan! Por ejemplo, él (Miguel) en el baile propone, me pregunta con su cuerpo y yo le tengo que responder y también le tengo que preguntar, así que para mí es una conversación. Es dar lo mejor de cada uno. En la pandemia las mujeres ¡salimos a full!

Miguel: Y salvaron la economía. La mujer estudia y muchos maes- tros pudieron sobrepasar esta crisis porque la mujer realmente te- nía el interés en estudiar.

Daiana: La mujer está preparada para todo, está preparada para amar, sufrir, para entender, para tener hijos, ha pasado por muchas luchas. Para mí la lucha actual acá (Italia), lo digo como mujer, tiene que ser del hombre, ¡que se ponga las pilas! La mujer acá es más segura, tiene su identidad y autoridad y el hombre es como que está para atrás.

Miguel: La necesidad de la mujer es que el hombre baile, con todo
el sacrificio que hacen de estudiar, comprarse los zapatos, de ponerse linda, de elegir el vestido y llegar a la milonga y encontrar el tipo que te maltrata bailando porque no se preocupa por bailar, y de hecho tenemos menos alumnos hombres, y no sólo nosotros, es general, y tenemos que llamar a los asistentes para que te ayuden en las clases y eso realmente es un problema. El hombre no se preocupa por aprender.

Diana: Quizás porque el hombre aprendió dos o tres cosas y ya cree que puede salir a la pista, y viendo que hay tantas mujeres no se preocupa.

Miguel: ¡Claro! Y además, ellas salen a bailar pero empiezan a decir que no. Y eso es un gran problema, que la mujer baile con cualquiera por no estar sentada, es un gran problema en el mundo.

Diana: No, es un problema de acá, en Argentina no pasa eso, allá la mujer saber decir no. Allá si una mujer ve que un hombre maltrata en la pista le dice que no, es más no te mira. Cuando veo una persona que maltrata, maltrata en el sentido que es un baile que no va de acuerdo a mi personalidad, y ves que la zamarrea y me digo ¡pobre mujer lo que está pasando en este momento! Va a llegar un momento, que es lo que hablo mucho con mis alumnas, cuando esa persona sienta que nadie lo está mirando, que no tiene protagonismo y nadie quiera bailar con él, va a llegar un momento que va a decir, ¿tendré que ponerme las pilas? ¿tendré que ponerme a estudiar? ¿tendría que ser más tranquilo, más amable? ¿tendría que cuidar a la mujer? Pienso que ahí está el secreto. La mujer tendría que pensar, en sí misma. Valgo, voy a lo social, a compartir un vaso de vino con una amiga y mirar a la persona con quién quiere bailar porque es la mujer la que está eligiendo el hombre. Si te miro es porque quiero que me invites. El hombre siempre está en búsqueda pero es la mujer la que elige.

Comentar Artículo

Suscribite a Metafierro

Recibí novedades y contenidos exclusivos.