El violento oficio de bailar

Por Pamela Damia*

Lo que sigue no son las crónicas bailadas de Rodolfo Walsh, es la mirada de ellos en la lucha de ellas (que es la de todxs). El tango danza está en deconstrucción galopante. Entre varones, los debates y las opiniones se dan en ámbitos privados: los hay perdidos, enojados, guardados, comprensivos, condescendientes, y los hay también compañeros en la lucha. Los estereotipos y los cuerpos, la esencia y la historia, la cuestión del poder y la libertad son ejes centrales que atraviesan el tango tanto como a la sociedad al calor del movimiento de mujeres que dinamitó los paradigmas establecidos.

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.

Se me viene a la cabeza “El cómplice”, de Jorge Luis Borges, dice Pablo Retamar, bailarín y docente y organizador de tango. Dentro del ámbito de la danza, su percepción es que el tema del género inevitablemente sucede con contradicciones dadas por los miedos que genera su incandescencia; hasta una opinión -suponiendo con buena leche y para el debate- es mirada, sino con oprobio, con desafío.
Fuma y toma un trago de su aperitivo Amargo Obrero: “La danza de por sí está atravesada por roles, es decir, uno de los centros de discusión del sistema patriarcal imperante; y la reivindicación de género está ligada a estereotipos, estéticas y demases. Entonces, la masculinidad reinante no solo es parte del problema sino determinante del sometimiento histórico, que tiene que modificarse. El tango no puede ni podrá eludirlo”.
– La historiografía del tango habla de la génesis del baile desde la sexualidad, pero, desde hace casi tres décadas el baile comenzó a tener otros significantes, fue evolucionando y modernizando, ¿crees que los cambios se hicieron carne en la práctica de baile o fue una lavada de cara?
– No ha sido una lavada de cara, pero existe una defensa de la imagen, de la estética y del lenguaje que se sostienen, una defensa de la caballerosidad, cuya vida comienza en el cabeceo. Sin embargo, creo haber entendido que la evolución más grande que se ha dado, por lo menos donde yo me manejo, es en la cuestión de los roles. Lo que hay que romper es la idea de que uno lleva a otro, porque implica como mínimo una menor actividad del rol por parte de ese otro.

Un testimonio que se repite es que para dar clases y dejar de usar los motes “hombre y mujer” para que todos se sientan incluidos, se habla por ejemplo, de conductor-conducido o leader-follower, a todos se les termina trabajando la lengua.

¿Qué efecto tiene en la milonga el movimiento de mujeres?

Hace más de un año que no voy a una milonga, me aguarrás en pandemia.- Sonríe y nos trae de vuelta a la realidad. – Creo que tiene un eco muy grande todo lo que viene sucediendo alrededor, adentro de la milonga, por ejemplo, se sentía todo lo que hubo atrás del aborto.
Dice Pablo, quien es además miembro de la Asociación Trabajadores del Tango Danza (TTD), que en una clase el varón se ve disminuido, perdiendo un lugar cuando aparece una chica que se le planta con alguna cuestión técnica. Ellos, en general, padecen impotencia por ese discurso creado sobre la necesidad de manejar la situación. “Alguien que arranca a bailar y le dicen que tiene que llevar, le calza por todos los costados”, afirma.

Me sacaste la pregunta de la boca. ¿Los varones sienten que pierden protagonismo?

Yo creo que sí. Yo creo que se está viviendo como una pérdida, hay quienes están enojados. Por eso muchas de las defensas han aparecido desde un lugar estético, porque también es lo políticamente correcto de donde defenderse. -Por la noche caería una lluvia torrencial en Buenos Aires y el cabello de Pablo ya comenzaba a enrularse.

La pareja perfecta: el compromiso y la empatía
Dentro de su casa de Wilde se escuchan los pajaritos. Julio Zurita coreógrafo, director y músico – ceba mate y enfoca la mirada bajo sus cejas gruesas.

¿Cómo juega el tango escénico históricamente representado por el estereotipo del binomio hetero patriarcal en este proceso de transformación de la sociedad?

Hay que cambiar algo de cómo se presenta eso desde el punto de vista del montaje, el trato físico, la manera de manipular los cuerpos, de mostrarlos, cambiar los niveles, el tango tiene eso de que la mujer va más al nivel bajo y el varón se queda arriba (si hablamos de una pose, por ejemplo).
Sus creaciones impulsaron nuevas estéticas ligadas a contar historias del presente con música de tango actual pero también recuperando la memoria de la lucha contra la dictadura como en Arrabal, espectáculo producido por Gustavo Santaolalla nunca presentado en Argentina. Prácticamente ya no utiliza el abrazo simétrico ni los ganchos; dice que eso lo deja en un lugar más cómodo para hacer un tratamiento actual de lo que está pasando y está feliz por ello.

Osea que el futuro vos lo viste en el pasado.

Y… uno no hace lo que no puede o lo que no cree; claro que por encargo se puede hacer cualquier laburo, pero si tenes que elegir harás algo que tenga que ver con tu pensamiento, te sale.
Julio considera que la mujer tiene una participación fuerte y férrea en las parejas de tango, afirma: “las mujeres están más formadas y muchas veces bailan con varones que no tienen el mismo nivel. Después del 2000 sentí que el tango pasaba más por ellas y eso se mantiene. Respecto de los estereotipos creo que son una actuación malísima, forzada y liviana que nadie se cree.
El cuerpo, que para los bailarines es un instrumento de trabajo, está en el centro de la revuelta. El coreógrafo dice que en la experiencia profesional siempre se trabaja desde el respeto, cuando le ha tocado presenciar maltratos en castings no convoca a esas personas. En este sentido, agrega:
Yo reflexiono sobre el acoso que padecen las mujeres, cuando tenía dieciocho me metí en la danza y también recibí acoso de tipos. Quizás nunca me sentí en peligro porque de última lo paras de una piña y listo pero la mujer no puede hacer eso.

¿Qué más tiene que pasar para que se traduzca al tango esa deconstrucción?

No tengo la respuesta, pero ponerse en el lugar del otro y tener consciencia es fundamental. Si estoy caminando a las tres de la mañana en la misma vereda que una chica cruzo la calle para que no se sienta en peligro. Antes no se era tan consciente de que sufrían tanto.
Julio está por terminar la carrera en la EMPA (Escuela de Música Popular de Avellaneda) de instrumentista en música popular tocando bandoneón. Su termo ya casi no tiene agua, en la última cebada lo puso vertical y los pajaritos, siguen allí.

Violencia también es el miedo a perder el trabajo

Cuando arranqué veía al tango machista y homofóbico a la vez, ahora se fue rompiendo un poco, quizás antes podía parecer fuerte la expresión “muerte al macho”, pero ahora se habla más de igualdad y llegué a entender que “macho” también es un estereotipo del patriarcado, siento que está más limpio todo y se puede hablar de la problemática en voz alta, dice Carlos Cisneros, bailarín de tango de veintiséis años, trabajó en Caminito y en varios elencos de Casas de Tango-show.
Carlos habla serenamente y va recordando que hace unos años yendo al trabajo atravesó la marcha de Ni una Menos, estaba muy conmovido por la energía que se vivía. Dice que apenas vio una situación violenta en una pareja de compañeros de elenco, intervino.

“Para las chicas es difícil porque sienten que no van a conseguir otro compañero y que van a perder el trabajo”, visibiliza Carlos.
Los bailarines, en general, se encuentran en una situación de precariedad laboral y muchas cosas pasan por esa inseguridad de la que se aprovechan quienes tienen el poder. Algunas colegas le contaron que les han pedido cosas o acostarse para obtener empleo o seguir en él.

Carlos es oriundo de Santiago del Estero y cuenta: “en mi barrio es normal escuchar que el vecino caga a palos a la mujer, la tecnología ayuda a que las informaciones lleguen más rápido allá; los muchachos ya no se hacen tanto los vivos… así todo sigue pasando”.

¿Cómo te llevas con la imagen de tango que muestra a la femme fatale y al macho ardiente?

A veces se confunden las cosas y se dice “cuánto tango hay en esa imagen”, y ni siquiera hay una pose de baile. No sé, tampoco voy a decir “esto es tango y esto no”, porque el tango es como cada uno lo siente y lo baila.
En la pandemia empezó a hacer barbijos en un taller de Aldo Bonzi para redondear su salario, pero el otro día vio un volante de una audición que decía “traer tango sexy”.

El equilibrio de la revolución

En los doce años que Marcelo Lavergata lleva como organizador de dos milongas vio cómo cada vez más hay mujeres guiando y varones siguiendo, personas del mismo sexo bailando o hacerlo en zapatillas, así como escuchó refunfuñar sobre ello. Dice al respecto: “Si hay mayores que critican a jóvenes los desestimo en seguida, aunque no los acuso porque entiendo que están vinculados a otra educación y para ellos la deconstrucción es mucho más difícil que para mí, que ya con 41 lo es”.
Marcelo empezó a bailar cuando terminó la secundaria mientras estudiaba Comunicación Social en la UBA, incluso le dedicó la tesis de grado que dirigió el filósofo y ensayista Gustavo Varela. Cuenta que al tango se acercó a aprender la generación del rock, los que hoy tienen sesenta y cuyos padres bailaban. Pero, en las clases muchas veces hay más mujeres que hombres y se da una doble discriminación de género y edadismo: son mujeres y maduras.

Las milongas conservadoras responden a códigos de una milonga que alguna vez existió, como que los varones se sienten todos de un lado (y en la barra) y las mujeres del otro.

Creo que hay una exacerbación de eso, lo veo como algo pintoresco. Cuando preguntas a los milongueros si existió tal o cual cosa en muchas te dicen que no. Supuestamente antes ellos se paraban en el centro y ellas alrededor; un poco esa separación existía, pero hurgas un poco y te das cuenta que dependía el lugar o que no todos iban de traje.

¿Has presenciado situaciones de violencia en las milongas?

Y si, sino la hubiese sería un mundo aparte. A veces se dice que “el tango es más machista” y no, el tango refleja la sociedad. Conozco jóvenes y viejos que son violentos o buenos y deconstruidos.

¿En el siglo XXI hay que seguir remitiéndose al cabeceo o pedirle el permiso a la pareja que antes se pedía a la madre de la dama?

Marcelo asoma una mirada conciliadora y un buen argumento.
Puede haber una resignificación del cabeceo, que no vaya siempre en la misma dirección, que lo hagan entre mujeres y entre hombres o la mujer al hombre, porque esa relación tiene que ver con el poder- dice mientras recuerda a Bourdieu y su concepto de habitus: la sociedad inscrita en el cuerpo del individuo.
Uno de sus tres hijos lo llama y sin mediar cabeceo se le acerca con inocente convicción poniendo a prueba la paternidad como otra forma de equilibrio.

Deconstruime que me gusta

¿Crees que el tango es machista?

No creo que el tango sea machista, sino que las personas lo son y el tango las une. Las letras de tango, o por lo menos los tangos más conocidos, se escribieron en una época en la que el mundo era machista, en los años 30 las mujeres no tenían derechos civiles, recién después de 1947 la mujer pudo votar… – Reflexiona Fernando Galera, bailarín de tango desde hace 34 años, se dedicó en los últimos años a la enseñanza, a la participación en festivales internacionales, rememorando su carrera, recuerda:
Yo bailé 18 años con Vilma, con quien creció mi carrera, nosotros decíamos “el tango es 50 y 50”. Pero un día, escuchó a una bailarina con la que trabajé después, Silvina Valtz, decir “el tango es 100 y 100”. Me explotó la cabeza. Yo ya hoy no disfruto de que la mujer me siga, no disfruto de un baile donde yo marco, yo propongo y la mujer baile mi música, mi baile.
Explica que vio a las milongueras bailar llevándolos puestos a los hombres, que ellos giraban porque ellas los hacían girar porque los enrosques que hacían con zapatos de calle. Se lleva la mano al mentón y mirando hacia arriba, dice:
Yo pensaba que había algo en el discurso que no se condice con el baile que estaba viendo. Me di cuenta que antes era de igual a igual. El discurso se arrastra, pero no era la realidad.
Piensa que la generación después de la suya se puso a analizar eso entre el 2000 y el 2010 pero él estuvo en contra de todo lo que creía que iba a ser un gran cambio para el tango, de todo que hiciera perder su esencia, pero al final a aquel proceso lo vio como una evolución. Hoy si la ve. Y fue gracias a los cambios socioculturales.
A mí hay cosas que me cambiaron la vida teniendo una hija mujer. Un día yo le dije a mi pareja “yo te lavo los platos” y Morena (de catorce años) me lo hizo escuchar. Y después de esa discusión ya todo cambió.
Fernando es de los que analizan su historia personal y por eso recalca que cuando no se evalúa lo que se hereda de los padres lo más probable es que se repitan patrones sucesivamente por generaciones. Por eso, relata:
Tengo una hija adolescente que le cuesta caminar por la calle. Nosotros los hombres no vivimos eso. En el tango muchas veces pasa por la vestimenta, como que a los hombres no nos entra en la cabeza que se pueden vestir para ellas mismas y que no lo hacen para nosotros o porque quieran algo. El tema lo entusiasma y continúa:
Yo se que estamos aprendiendo, que nos falta mucho, desaprender algo cuesta un montón. También ahora todo se potencia porque estamos en medio de la revolución. Pero entiendo que es necesaria.
Aunque como varones pierdan protagonismo o poder
Eso me gusta. A mí me gusta improvisar en el baile, que quiere decir que podés llegar a lugares que no tenías pensados. Y bueno, a disfrutar el camino. Antes no me gustaba perder el control, hasta que un día me dije ¿y por qué no?

¿Cómo te imaginas el futuro?

Del otro lado de la pantalla, responde:

¿Qué futuro? El futuro es hoy.

*Pamela Damia
Es bailarina y profesora de tango 
http://www.pamedamia.com/
Además, es licenciada en Comunicación Social por la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Recibió en 2005 el XIII Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí- agencia Prensa Latina en la Habana, Cuba.
Como periodista publicó en el diario Página/12, Altaïr, Caras y Caretas, En Estos Días, Agencia Periodística del Mercosur y Rebelión. Artículos: 
https://linktr.ee/pdamia” @pdamia
El presente artículo fue publicado en dos partes publicado en la revista Caras y Caretas:
https://carasycaretas.org.ar/2021/04/27/el-violento-oficio-de-bailar-i/
El violento oficio de bailar I – Caras y Caretas
https://carasycaretas.org.ar/2021/05/04/el-violento-oficio-de-bailar-ii/” El violento oficio de bailar II – Caras y Caretas

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