DJ World: “Creo en la profesionalidad e invierto en lo que me apasiona”

Entrevista a YATMA DIALLO por Giorgy Korovin

Yatma Diallo nace en Senegal. Es técnico de audio y video, además de Dj profesional conocido bajo el pseudónimo “El Africano Bien Milonguero”. También baila y enseña Tango.

Naciste en Senegal, contame un poco de tu vida, de tus sueños. Tus primeros pasos de baile, tu música.
Viví en Senegal hasta los 24 años, luego me fui a Europa. Yo vivía en Dakar, eran los ‘80 y la música que escuchábamos era pachanga, ngeros y salsa que venían de República Dominicana, Puerto Rico y Cuba. Me refiero a la orquesta de Aragón, Johnny Pacheco y Celia Cruz, por así decirlo. Mis amigos y yo íbamos a la escuela cantando Caramelo y Acuyuyé. Luego unos familiares que vivían en el exterior empezaron a enviarnos videos grabados de MTV, que no se veía en África, entonces estalló la revolución en el barrio. Intercambiamos cintas para averiguar qué escuchaban en el resto del mundo. Y lo que bailaban. Nos encontrábamos en la casa de los pocos que tenían un VCR y era el infierno: copiábamos la coreografía de Michael Jackson, Mc Hammer, Bobby Brown. Ensayábamos durante horas. También armamos un trío y nos dimos un nombre: los Rose Guns, teníamos un afiche de Guns N ‘Roses, un grupo que nunca habíamos visto, pero el nombre en el afiche se leía mal o al menos nosotros lo leíamos al contrario.
En Dakar, a fin de año, las escuelas siempre organizan concursos de baile y nos preparábamos para esa ocasión. Luego, en los 90, con el boom del zouk, o thiembe, que es la kizomba, me convertí en coleccionista de cassettes. Cuando me regalaron el primer ecualizador de 31 bandas, que venía de Estados Unidos, me di cuenta de que el sonido realmente me fascinaba y comencé a soñar con saber más.

Hablanos de tu decisión de venir a Europa y cómo te encontraste en los primeros días.

No he decidido nada. Mi madre me dio su mayor regalo: un pasaje a Europa, un visado y un cheque de viajero, que ya ni siquiera existen. Tomé el avión sin tener la menor idea de cuál sería el destino, sin haber visto nunca un avión o un aeropuerto antes, y aterricé en Bélgica. Después de un mes me mudé a Italia. Recién llegado tuve que lidiar con algo que no conocía en África: la diversidad. Quiero decir que las diferencias sociales se sufren en África, el clasismo existe pero el racismo, para mí era una historia leída en libros de la escuela o vista en películas. Era difícil asociarlo con mi vida. Hasta que llegué a Milán y me di cuenta de que había un papel al que gente como yo estaba “predestinada”: vender en la calle. Por supuesto que no lo acepté y con el esfuerzo necesario logré hacer las cosas que soñaba, o al menos una buena parte de ellas, como ser bailar, bailar y bailar.
La música volvió a ser la cuerda de la salvación: a mediados de los ‘90 comencé a bailar también en Italia, primero hip hop y luego salsa, frecuentaba los primeros clubs multiétnicos que se habían abierto en Milán y era la felicidad.

¿Cómo descubriste el tango?
Tenía una novia que enseñaba tango ambrosiano, un baile popular típico de Milán, pero eso no me decía mucho. Sin embargo, en el ensayo de fin de año de la escuela donde trabajaba ella, una pareja hizo una actuación de tango argentino y me quedé impresionado. Inmediatamente le pregunté al bailarín si había bailarines negros y me respondió que no conocía a ninguno. En seguida busqué un curso, entonces Boris Decebal, quien lamentablemente ya no está, un amigo cercano y gran maestro de baile de Guadalupe, me presentó a Mónica María. Y aún seguimos aquí …

¿Entonces te fuiste a Buenos Aires y …?
En Buenos Aires me sentí en paz con el mundo, no hay otro lugar donde me haya sentido tan bien recibido. Tanto es así que nada más al aterrizar me olvidé de lo difícil que había sido conseguir la visa. Buenos Aires es una ciudad verdaderamente multicultural, sobre todo si tienes el privilegio de conocerla a través del mundo del tango, donde nadie se siente extranjero. Por supuesto, desde la primera vez, viví la ciudad ‘a pan y tango’, tratando de aprender lo más posible y finalmente ver las cosas de las que tanto había escuchado hablar. Y nada me ha defraudado, el tango no es sólo un baile, el tango está en todas partes. Era como si tuviera que entrar en contacto físico directo con el mayor número de personas que habían conocido a mis ídolos, Troilo y Salgán. En Buenos Aires vi a los ancianos más felices del mundo, protagonistas de sus vidas, a pesar de internet y de los años que pasan. Y luego, lo fundamental, que sólo entendí a mi regreso: en Buenos Aires me había olvidado de la diversidad.

¿Qué es el término “milonguero” para vos?
Milonguero, por definición, es todo lo que gira en torno a la milonga, incluso puede ser una manera de vivir. Esto es en lo que pensé cuando elegí mi nombre de DJ, El Africano Bien Milonguero. Aunque un querido amigo, Osvaldo Natucci, que tanto me enseñó de esta profesión, hubiera preferido el nombre Milonguero Negro Complicado.
Dicho esto, no se puede olvidar que a partir de la década de 1950 se empezó a utilizar la palabra milonguero para indicar una forma de bailar típica del centro de Buenos Aires, donde las pistas de baile eran pequeñas, mucha gente y pocas parejas. Las palabras tienen su propia historia y cambian junto con los hombres. Así que hoy, si decimos “baila milonguero”, al menos sabemos exactamente a qué nos referimos. Todo el mundo sabe.

¿Tus primeras experiencias como DJ?
En realidad, mi primera experiencia como DJ fue prestar mis selecciones de zouk a los DJ. Tenía veinte años, en Senegal. Luego, hace seis años, mientras trabajaba en Benin, en Cotonou, en la instalación de una emisora ​​de radio, me quité la satisfacción de hacer funcionar la FM durante una semana entera, retransmitiendo mis playlists de tango.
Dejando las bromas de lado, comencé a trabajar como DJ en eventos y en las vacaciones de VelayTango organizadas por nuestra escuela, y por Horca Myseria, junto a Mónica. Luego fui a los Países Bajos, Estados Unidos y después llegaron las primeras invitaciones italianas.

Sé que trabajás mucho tanto en Italia como en el extranjero. Contanos un poco las gratificaciones y los momentos oscuros.
Como DJ es muy gratificante para mí ser invitado a diferentes países y sentir que, en muchos de ellos, mi experiencia como técnico se considera un valor agregado. Y también poner música en los lugares del corazón, que por ahora siguen siendo los de las personas que me abrieron las puertas de sus eventos al principio, apostando por mí. En cuanto a los momentos oscuros, tal vez soy ‘demasiado joven’ como DJ.

¿Sentís que se subestima la profesión de DJ, para organizadores, maestros e incluso el público?
No, al contrario, creo que los DJ tienen mucha importancia hoy en día. Suelen ser los protagonistas de los eventos, se exhiben en carteles y cuentan con público propio. No excluyo que, como ya ha sucedido con géneros como el disco o el hip hop, los DJs puedan ser los artífices, en un futuro próximo, de cambios importantes.

Enseñaste tango en algunos países africanos, ví algunos de tus videos y tengo mucha curiosidad, ¿Cómo fue recibido? ¿Creés que el tango tendría público propio?

Sí, Mónica y yo hemos enseñado y bailado en diferentes clubes de Dakar, Benin y Burkina Faso. El tango en África es considerado “cosa de blancos” por lo tanto, estar frente a alguien como yo que, con dedicación, trata de enseñarte, es al menos desorientador. Pero luego, después del shock, el tango es el tango, el abrazo es universal y los prejuicios quedan a un lado, no es difícil quedar fascinado por él. Ni siquiera en África.

¿Cómo te encuentras con tus colegas DJ?
Creo que es difícil experimentar un verdadero intercambio entre colegas. Quizás sea un poco de debilidad humana, que también existe en otros sectores. Por supuesto, sería bueno si pudieran compartir honestamente los descubrimientos, los conocimientos técnicos y, por qué no, también sus gustos musicales.

Supongo que tenés un estilo personal, ¿hacés el tuyo o te adaptás a la milonga que tenés delante?
No sé si tengo un estilo personal, creo que otros eventualmente lo dirán. En general, cuando pongo música trato de comprender el contexto en el que me encuentro, el lugar, la audiencia. Luego recurro al repertorio de mi corazón. En definitiva, me imagino yo mismo en la pista y en la medida de lo posible, construyo la noche que me gustaría vivir.
El único detalle personal que reclamo es la adición de ‘El Africano’ a mi nombre. Me importa, es el título de un tango de Eduardo Pereyra que de alguna manera me representa, porque recuerda la presencia africana en el tango y me gusta abrir las milongas con este tema.

¿Cómo viviste estos meses de pandemia (más de un año) sin poder enseñar o pasar música?
En este período tuve que hacer otras cosas, como muchos otros, pero nunca he dejado de escuchar música. La 2×4 se escucha en todas partes ahora y me permite también mejorar mi español. Estudié nuevos softwares para perfeccionar la parte técnica, que sigue siendo una de mis pasiones. Bailé con Monica, en fin, no paré. Por supuesto, me quedo con la amargura de los trabajos que han sido cancelados: Bari, Calabria, Turín, Chicago, Berlín, Holanda, Guadalupe.

Y para terminar, ¿cómo creés que seguirá nuestra profesión, improvisada o profesional? ¿Creés que todo volverá a ser como era antes o algo cambiará?
En este momento nadie puede saber cómo irán realmente las cosas. Lo que puedo decir es que he intentado seguir adelante de todos modos, porque creo en la profesionalidad y quiero seguir invirtiendo en las cosas que hago y que me apasionan. Por lo demás, como dice el tango, “vivir es cambiar, en cualquier foto vieja lo verás…”.

Comentar Artículo

Suscribite a Metafierro

Recibí novedades y contenidos exclusivos.